Crisis de los 30 años: cómo afrontarla
agosto 29, 2025
Si estás próximo a los 30 años o ya los has cumplido puede que experimentes una fase de cuestionamiento personal, muy común en la actualidad al alcanzar esa edad.
Hablamos de una generación que padece en muchos casos situaciones de precariedad laboral, sueldos bajos y dificultades de acceso a la vivienda, lo que imposibilita desarrollar un proyecto vital y adentrarse plenamente en la edad adulta.
Además, la llegada de los 30 también es una etapa propicia para a echar la vista atrás, valorar si aquellos sueños y expectativas de la primera juventud se han cumplido, y si se lleva la vida prevista.
Ante todo, la crisis de los 30 es una etapa de replanteamiento, de hacer balance de dónde se está y adónde se quiere llegar. Por lo general, aunque estos periodos tengan un comienzo difícil, con su sensación de malestar incluida, bien enfocados pueden convertirse en una oportunidad de crecimiento personal, al servir de estímulo para reordenar prioridades y metas, asumiendo, eventualmente, que quizás estas deban ser más realistas, y que en cualquier caso alcanzarlas requiere mejorar en determinados aspectos, eliminar ciertas prácticas, adquirir ciertos hábitos…
¡Te lo explicamos todo con más detalle en las siguientes líneas!
¿Qué es la crisis de los 30?
Podemos definir la crisis de los 30 años como un fenómeno que muchas personas experimentan cuando llegan o rondan esa edad, al contrastar la realidad cotidiana que afrontan con sus metas y objetivos vitales.
Este choque entre las expectativas y la situación actual suele provocar una especie de crisis existencial, traducida al principio en percepciones y sensaciones negativas.
Sin embargo, se puede aprovechar esta etapa de introspección para evaluar y ajustar las expectativas, haciéndolas más realistas, así como para plantearse el camino a seguir para lograr los objetivos deseados.
A diferencia de la crisis de los 40 no influye tanto la idea de que uno se hace mayor, ya que todavía se es joven a los 30. Sería, más bien, en la mayoría de casos, una crisis provocada por la dificultad para poder llevar una vida adulta, o bien conforme se había proyectado.
¿Por qué Ocurre? Causas de la crisis de los 30
Aunque ya hayamos adelantado cuál sería el caldo de cultivo de la crisis de los 30, vamos a recopilar los distintos factores que pueden detonarla.
Factores psicológicos y emocionales
Aparecen pensamientos negativos recurrentes sobre el propósito de vida, con eventuales sensaciones de vacío vital o de no estar viviendo plenamente. Aquí surgen las comparaciones con los demás, propiciadas por percepciones distorsionadas como las que provocan las redes sociales, donde no se muestra la realidad del día a día.
Así, esas fotos maravillosas de viajes o escapadas que se ven no tienen por qué reflejar la cotidianidad de quienes las suben, de igual modo que las estampas familiares idílicas de parejas con niños pequeños muestran solo los mejores momentos, obviando la dureza de la crianza, y lo que supone en cuanto a renuncias, cansancio y carga emocional.
Presiones familiares y sociales
El entorno familiar, aunque sea sin mala intención, antes al contrario, a veces también contribuye a alimentar la sensación de frustración, por las expectativas depositadas, sin ir más lejos a la hora de formar una familia propia.
Además, las generaciones anteriores en ocasiones no entienden que el mundo actual dista mucho del suyo cuando eran jóvenes, en algunos aspectos para bien, pero en otros vitales como el acceso a la vivienda notoriamente para mal.
Esta presión suele aumentar en el caso de ciertos perfiles de jóvenes próximos a los 30 años, por ejemplo, en aquellos que han sido los primeros de su familia en acceder a formación superior o quienes son hijos de inmigrantes.
A todo ello se suma la presión social, apreciable en lo habitual que resulta preguntar primero si se tiene pareja, después cuándo será la boda, más tarde por el bebé y, finalmente, por si llegará la parejita. Además, en muchos casos hay que lidiar con el «yo a tu edad…»
Cambios vitales
Aquí entrarían en juego los primeros cambios físicos que se empiezan a notar con respecto a la edad más juvenil, particularmente si no se hace ejercicio.
A nivel laboral en caso de no experimentar un desencanto por la precariedad, se puede percibir la carga de las responsabilidades asumidas en el trabajo, sin que la compensación obtenida haya ido en concordancia.
Las parejas jóvenes con hijos afrontan la dureza de la crianza, con todo lo que implica de estrés, agobio, cansancio y renuncias, por lo que pueden experimentar igualmente esa sensación de crisis en la treintena, aunque estén en la situación teórica que anhelan otros treintañeros que, precisamente, se sienten frustrados por no poder alcanzarla, ya sea por motivos de estabilidad económica o personales.
También es cierto que cuando asoman las responsabilidades laborales y familiares suele ocurrir que los grupos de amigos no puedan verse ni atenderse tanto como antes, por lo que se pierde un apoyo importante en el día a día, a la hora de hacer planes, etc.
Además, quienes son los únicos en haber tenido hijos o en no tenerlos por ahora, tienden a sentirse desplazados porque los planes, actividades o escapadas se organizan siempre en función de la mayoría.
En definitiva, pueden ser múltiples los factores y detonantes que favorezcan la crisis de los 30, que se manifestaría en síntomas como los que vamos a ver a continuación.
Síntomas comunes de la crisis de los 30
Una sensación que se repite en este tipo de crisis es el sentimiento de insatisfacción. Te sientes estancado, bloqueado y desanimado, lo que mina e impide pensar con claridad, haciéndote incluso tener una percepción distorsionada de ti o tu situación, convirtiéndola en más negativa de lo que es en realidad.
Asimismo, ese malestar psicológico y el sobrepensar tanto las cosas resta mucha energía para actuar y poder cambiar la situación en lo que esté en tu mano. En este sentido, seguir hábitos poco saludables puede empeorar más las cosas, ya hablemos de la adicción a la dopamina de las redes sociales, la comida poco recomendable o utilizar las salidas con alcohol como válvula de escape. Probablemente, no haya nada peor que un domingo con resaca cuando se atraviesa este tipo de crisis.
De ahí, la importancia de comenzar redefiniendo el estilo de vida, que además es algo que siempre está en nuestra mano cambiar. Se trata de tomar las riendas en lo más básico para recuperar la sensación de control y motivarse. Después, será más fácil sopesar vínculos y proyectos, así como valorar si merece la pena un cambio de carrera profesional, y si es viable hacerlo formándose, reinventándose y adaptando el rumbo a las verdaderas prioridades personales.
Cómo afrontar y superar la crisis de los 30: estrategias efectivas
Aunque acabamos de dar unas pautas generales para abordar la crisis de los 30, para actuar de manera eficaz ante ella puede resultar de bastante ayuda seguir estos pasos:
- Autoconocimiento y aceptación: pon nombre a lo que te ocurre y date tiempo, ten en cuenta que por más que necesites certezas sobre tu futuro hay cosas que no están en tu mano. Acepta la incertidumbre como parte del proceso de aprendizaje y mejora, enfocándote en lo que sí depende de ti, por ejemplo, completar una formación que exigen para un puesto de trabajo deseado. Obtenerlo luego dependerá de muchos condicionantes, pero habrás puesto de tu parte lo necesario para lograrlo, y no cabrá el «y si hubiera hecho…» que tan dañino es.
- Cuidado personal y bienestar: prioriza la alimentación, el ejercicio y el descanso. Cumple con tus obligaciones y responsabilidades, premiándote después con actividades que te llenen o te permitan recuperar aficiones abandonadas que todavía te gustan, pasiones postergadas, etc.
- Búsqueda de apoyo: lo importante de la crisis de los 30 no son los años, sino la crisis. Algo que en ocasiones cuesta transmitir y hacer ver, particularmente a las personas de más edad de nuestro entorno, que en el mejor de los casos pueden ser comprensivos con la de los 40.Con todo, se puede comunicar a amigos y familiares la situación difícil que se está atravesando, para que desde la empatía aporten apoyo emocional yperspectiva.Tampoco conviene descartar la ayuda profesional si es precisa, por suerte ir al psicólogo ya no es visto como algo excepcional, y es la mejor vía para recibir una terapia efectiva cuando el bajón de la treintena solo es la punta del iceberg que esconde un malestar más profundo.
- Enfoque en el día a día: céntrate en acciones concretas, por muy pequeñas que parezcan, no dudes tampoco en hacer pruebas y experimentos para encontrar cosas nuevas que te beneficien o gratifiquen, y sigue hábitos saludables en ámbitos cruciales como la alimentación y el ejercicio, pero sabiendo también darte un respiro de vez en cuando … Todo ello impulsará tu desarrollo personal y te ayudará a superar la crisis de los 30 años, así como a tomar decisiones necesarias, comprometiéndote con ellas.
Valora que esa sensación de crisis es ya de por sí un signo de madurez, de transformación interior, pudiendo suponer a poco que la afrontes con la actitud correcta una etapa de transición que te lleve donde quieres estar, por más que eso pueda plantearte nuevos retos y sinsabores. Pero, en cualquier caso, habrás aprendido a gestionar este tipo de situaciones, y a saber cómo hacerles frente con las herramientas adecuadas.
Aprovecha también las oportunidades que pueden brindar las ayudas para jóvenes existentes actualmente, desde para una cuestión que afecta tanto a la generación actual como los alquileres hasta las que hay para acceder a formaciones, la mejor vía para un cambio laboral. Casi todas estas ayudas tienen un límite de edad que llega a los 35 años, e incluso algunas para el emprendimiento aplican hasta los 40 años.
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Preguntas Frecuentes sobre la crisis de los 30
La principal causa es el choque entre expectativas y realidad: no haber alcanzado una estabilidad laboral, económica o familiar como se había proyectado. A ello se suman presiones sociales, familiares y comparaciones con los demás, muchas veces amplificadas por las redes sociales.
Se reconoce por sentimientos de insatisfacción, bloqueo y estancamiento que generan malestar psicológico. Estos pueden acompañarse de ansiedad, pensamientos negativos y hábitos poco saludables que empeoran la sensación de crisis.
Lo más eficaz es aceptar la situación y poner el foco en lo que sí depende de uno mismo: cuidarse física y emocionalmente, fijar objetivos realistas y dar pequeños pasos hacia ellos. El apoyo de familiares, amigos o profesionales puede ser también clave en este proceso.
Sí, es un fenómeno común y no debe verse como una debilidad. Al contrario, puede entenderse como un signo de madurez, y suponer una oportunidad de replantear prioridades para crecer personalmente y orientar mejor nuestra vida.
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